Colectivo Bruxista
Subculturas, libros y fanzines.

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  • Un mono marino se ha bebido mi Fanta

    «Boom, boom, boom, boom». John Lee Hooker canta que va a dispararte. El tocadiscos suena a todo volumen. La habitación tiene aspecto «de territorio comanche, de zona cero, de la cacharrería del dicho tras el paso del elefante o, más bien, después del paso de toda la manada». La escoria del soul se dedica a lo que mejor sabe: drogarse al ritmo acelerado de viejos singles de modern jazz, rhythm and blues y northern soul. No sospechan que la muerte inesperada de un tipo al que han recogido en alguno de los tugurios que frecuentan está a punto de cambiarlo todo. A partir de ese momento, Duque, Moriarty, Santo, Boris, Kid Kubata y Olivia, su simpática bulldog, se verán envueltos en una trama delirante repleta de tipos malos obsesionados con un misterioso maneki-neko, el gato de la suerte japonés. En un periplo que les llevará del after más infecto de Valencia a la iglesia de Santa María del Mar, estos mods pasados de rosca tratarán de llegar a la otra orilla del fin de semana sin morir en el intento. Dani Llabrés mezcla sin complejos referencias subculturales con el pulp más salvaje y el resultado es una novela desmadrada y adictiva. Una versión lisérgica de Los Cinco en la que resuenan ecos de Hunter S. Thompson y el mejor Tarantino. Una historia de la que, como de las mejores fiestas, no podrás salir hasta el final.
    14,50
  • Sold out

    In Crowd. Aproximación a una subcultura escurridiza — Agotado

    Términos como «escena» o «subcultura» resultan siempre imprecisos. La realidad que tratan de abarcar es demasiado compleja y cambia demasiado rápido. Los códigos se reformulan, lo que parece cohesionado se disgrega y lo aparentemente disperso está unido por conexiones invisibles. Por ello todo esfuerzo totalizador en este campo está abocado al fracaso, ya sea por ingenuidad o por paternalismo. Las subculturas son escurridizas y los académicos tienen la vista cansada. Y pocas subculturas más escurridizas que la mod. Incomprendida, idealizada, en constante reinvención. Moderna y retromaníaca, ha acogido en su seno a vanguardistas y a conservadores, a individualistas radicales y a fieles miembros de la tribu. Su peculiar combinación de estilo, hedonismo y orgullo de clase nos sigue seduciendo, y muchos de sus referentes han conservado su brillo a pesar de que hace ya cincuenta años que terminaron los sesenta, esa década que nos hizo soñar lo imposible mientras fijaba los límites de lo posible. Aunamos diferentes aproximaciones ―artículos, entrevistas y textos personales― a la escena, siempre con una pregunta en mente: «¿Sigue teniendo algo que decirnos?».
    10,00