Colectivo Bruxista
Subculturas, libros y fanzines.

Amor amargo en la Era de la Inocencia. Por qué Tainted Love es la mejor novela que se ha escrito sobre la contracultura

Amor amargo en la Era de la Inocencia. Por qué Tainted Love es la mejor novela que se ha escrito sobre la contracultura
28 abril, 2021 Alejandro Alvarfer
In Blog, Literatura

 

[A]nti-autobiografía significa no solo no escribir tu autobiografía, una práctica pasmosamente habitual, sino escribirla de tal manera que se burle de la lascivia y la inmodestia del género al frustrar tanto tu propio deseo exhibicionista como el deseo del lector de entrar en tu vida interior.

Terry Eagleton, The Gatekeeper: A Memoir (Trad. propia)

 

Sometimes I feel I’ve got to run away 

Tainted Love, Gloria Jones (1964,Tamla)

 

Cuando en el año 2005 la división editorial de Virgin anunció que publicaría el nuevo libro de Stewart Home, a más de un crítico le empezó a doler la cabeza. No era sólo que un escritor famoso por sus invectivas contra el mundillo literario publicase en una editorial grande (al fin y al cabo, su anterior libro, 69 Things to Do with a Dead Princess, lo había publicado la editorial Canongate), sino que además lo hacía con una supuesta autobiografía. El estruendo provocado por el derrumbe de esquemas mentales pudo escucharse a varias manzanas de las oficinas del Times Literary Supplement. El tipo que escribía bufonadas repletas de skinheads que citaban párrafos de Guy Debord con la polla fuera decía haber escrito una novela sobre su madre. Pero no se precipiten a juzgar a esos críticos de frente sudorosa. Era difícil saber si aquello iba en serio o sólo era una broma más.

Hay que decir que el propio Home tampoco se lo puso fácil. En la introducción a la novela, titulada Tainted Love en honor a la canción de Gloria Jones, nos cuenta que todo empezó cuando quiso reunirse con su madre con motivo de su cuarenta cumpleaños. Hasta aquí  —tercera línea, no se crean— todo es bastante normal, pero entonces nos enteramos de que la reunión se produjo gracias a la probada capacidad de su madre para viajar a través del tiempo. Un talento imprescindible, ya que murió a finales de los setenta en circunstancias no del todo aclaradas. Como ven, en cuatro líneas el cabrón de Home ha jugado con la expectativa del lector como si fuera un yoyó. Después de esto uno ya no sabe si va a leer unas memorias, una investigación criminal, un relato de viajes astrales o una crónica especialmente delirante de la Era de Acuario.

A partir de ahí la narradora será Jilly, modelo, camarera, chica de compañía y figura clave de la escena beatnik del Londres de principios de los sesenta. Una chica que ha dejado atrás su pequeño pueblo de Escocia para reinventarse en un Londres que parece a punto de ser devorado por una jauría de jóvenes hambrientos de discos, libros y drogas. Allí se reproducen por esporas locales que abren durante toda la noche. Al amparo de sus sombras toman forma subculturas que se retroalimentan entre sí. Beatniks, modernistas, yonkis vocacionales y protohippies forman una incipiente escena underground unida por un impulso instintivo de romper los límites de lo «convencional»:

«Lo que Dylan tiene que decir sobre lo absurdo de la existencia está encriptado; puedes tirarte horas desentrañando sus letras. Eso tiene que ser mejor que cualquier mensaje unidimensional que alcanzo a entender en exactamente tres segundos incluso cuando voy pedo. He escuchado Subterranean Homesick Blues más de cien veces y todavía soy incapaz de resolver a ciencia cierta lo que Dylan intenta expresar. Entiendo el ambiente en general, pero lo específico se me escapa. Aparte de las drogas, la enajenación sistemática del sentido en Dylan es una de las mejores armas que tenemos para la lucha contra el conformismo descerebrado. Escuchar a Bob con un buen pedal es un ascensor psíquico hacia formas de consciencia más elevadas. Para quienes organizamos la protesta permanente contra el burdo materialismo, la primera línea es la experiencia interior».

Las drogas son el vehículo elegido para subvertir la tiranía de la normalidad y ampliar las fronteras de la conciencia. A su alrededor surge toda una subcultura con sus propios mitos —escritores como William Burroughs y Alexander Trocchi, primero; músicos como Miles Davis, Bob Dylan y los Rolling Stones, después— , y ellas serán el combustible de lo que luego se conocerá como psicodelia. Pero en todo intento de alcanzar la libertad anida el huevo de la serpiente de una nueva forma de esclavitud. Los personajes de Tainted Love consumen drogas con una dedicación absoluta. Incapaces de resistirse a su misterio. Serán el amor amargo de una generación que fue la primera que pudo permitirse ser masivamente joven. Pero además de consumir marihuana, anfetaminas, heroína y LSD, Jilly y sus amigos también trapichean con ellas, lo que les deja en un limbo entre la criminalidad —atención a la aparición estelar de los Gemelos Kray, gánsteres londinenses e iconos pop— y la represión policial. 

Esta situación es especialmente difícil para las mujeres. El reverso tenebroso de la cacareada revolución sexual es la prostitución, que además de ser una de las formas de financiación de la naciente contracultura, lleva aparejada sus consabidas dosis de explotación y violencia. El papel de prostituta, camello a tiempo parcial y yonki a tiempo completo permite a quien lo ejerce en esos tiempos eléctricos conocer a figuras como John Lenon o Brian Jones, que en la novela son retratados como individuos grotescos. Pero también tiene sus riesgos. Sometida al abuso de policías y mafiosos, Jilly se ve obligada a dar en adopción a su hijo. 

Además de las memorias de Jilly, en la vida real Julia Callan-Thompson, Tainted Love es también la historia de cómo una pequeña escena underground en la que todos se conocían termina convertida en un fenómeno global. De fumar hierba en un concierto de Bert Jansch en Les Cousins a hacer viajes viajes a la India, Tánger o Ibiza para ensanchar la conciencia. El desarrollo de todo eso que hoy conocemos como contracultura. Sus miedos, sus contradicciones, sus deseos ocultos. En un arco temporal no lineal que va del comienzo de los sesenta hasta los años del punk, la novela refleja de una manera desquiciada y auténtica la esencia de una época inagotable. 

Está de más decir que todo esto lo cuenta Home con su particular estilo de anticristo literario. Olvídense de narraciones unidireccionales y de cómodas tramas con un desenlace iluminador. Por supuesto, tampoco este es sitio para idealizaciones. Aquí encontrarán literatura pulp vendida al peso sin complejos, un montón de teoría cultural, una galería interminable de personajes históricos e histéricos, interrupciones aparentemente absurdas, orgías, momentos desternillantes y, oculta tras toda esta chatarra narrativa, una verdad genuina, poliédrica y huidiza como sólo lo son las verdades a las que se llega a través del exceso. 

La historia de unos niños perdidos ansiosos por perder la inocencia. Un homenaje a todas aquellas personas anónimas que dieron forma a una escena que terminó conquistando el mundo, mientras dejaba a muchos de ellos en la cuneta. Una defensa de la ficción como método de conocer la verdad. Una biografía antibiográfica. 

Y al final. Cierta amargura. La de una Jilly vapuleada tras años de vagabundeo, después de haber completado un recorrido generacional arquetípico que la ha llevado de los sótanos del Soho al redil de Gurú Rampa y su Iglesia del Gran Despertar. Perseguida por la policía, que se sirve de la paranoia creada por los medios para dar rienda suelta a sus instintos más violentos. Incapaz de salir de un ciclo perverso que la lleva a alternar intentos de purificación espiritual con momentos de abandono a los encantos de la heroína.

Después de tanto ruido, lo que queda es una generación agotada, regurgitada por la misma ciudad que iban devorar:

«La ciudad se mueve y respira, se ha convertido en un monstruo. La sensación de maldad que noto a mi alrededor es penetrante, ha empapado los ladrillos y el mortero de cada edificio de cada calle de esta ciudad expansiva. El veneno ha brotado de las alcantarillas y pende del aire igual que la niebla. El demonio ya no quiere nuestras almas. Dios puede servirse porque Satán lo pasa bomba reanimando nuestros cuerpos carnales. Somos morti viventi, y como soy una zombi no me asusta volver a morir».

A estas alturas ya se habrán dado cuenta: Tainted Love es la mejor novela que se ha escrito sobre la contracultura porque no se parece a ninguna otra. 

 

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