Colectivo Bruxista
Dandismo subcultural.

Una Francia del Swing en una Europa Zazou

Una Francia del Swing en una Europa Zazou
15 mayo, 2020 Lucia del P.
In Blog, Subculturas

París, 14 de junio de 1940. En las calles de la capital francesa resuenan las botas de miles de soldados nazis, que desfilan por los Campos Elíseos al ritmo de «La marcha de San Lorenzo». Alemania está dispuesta a mostrar al mundo el alcance del Tercer Reich. Cientos de franceses miran horrorizados como los soldados alemanes pasan victoriosos bajo el Arco del Triunfo: la Tercera República ha llegado a su fin y el futuro de las tropas Aliadas —que se han retirado del país en lo que se conoce como la Operación Dinamo— adquiere tintes funestos.

Sin embargo, no todos en París están pendientes de los acontecimientos militares. En las terrazas del café «Pam Pam» y en el Boulevard de Saint-Michel, cerca de la Sorbonne, se pueden ver reunidos a jóvenes de apariencia excéntrica —con corbatas finas, extravagantes bigotillos, melenas y chaquetas largas— que bailan despreocupados al ritmo del Swing. Cogiendo su nombre, se cree, de la canción de Cab Calloway «Zah Zuh Zah» —aunque también se sospecha que pueda derivar de la canción «Je suis swing» de Johnny Hess— los Zazous se pasean por las calles parisinas con una mirada de completa indiferencia hacia todo lo que les rodea.

Como dijo Jonhy Hess: Ils son Zazous

Se oponían a la invasión alemana, a la política, a la violencia, a los colaboracionistas y al régimen de Vichy. Se oponían, seamos francos, a todo y a todos. Paseando por las calles parisinas con sus bigotillos, sus gafas de sol —ya fuera de día o de noche — y el imprescindible paraguas bajo el brazo eran la personificación definitiva del nihilismo juvenil más absoluto. Se sentaban en las terrazas de los restaurantes vegetarianos a comer ensaladas de zanahoria rallada y beber zumos de fruta mientras se burlaban de la política de su época.  Ahora, eso sí, que nadie se metiera con el Swing. Por su derecho a escuchar a sus artistas favoritos, los Zazous —tribu urbana del París de los 40— se enfrentaron al riesgo de ser enviados a campos de trabajo para su reeducación, sufrieron sistemáticas palizas por parte de la Gestapo y numerosos enfrentamientos con sus enemigos acérrimos, La Juventud Popular Francesa, que se paseaba por los locales de París al grito de «Scalpez les Zazous!» armados con porras y maquinillas de afeitar.

«Los zazous son pre-yeyés de alguna manera (…) Tienen una visión muy particular en este momento. Son excéntricos, y la excentricidad comienza con una diferenciación relacionada con la ropa. Es una moda que está en contra. Ellos están en contra. En aquel momento predomina el uso de telas apagadas, por lo que ellos usan telas de colores. La moda de la época es de formas sueltas, así que las chicas zazou se ponen ropas ajustadas.»

Gérard de Cortanze, Zazous (2016)

Mientras la población adulta se encierra en cines y teatros en un intento de olvidar las restricciones y la pérdida de autonomía que supone la invasión alemana, un porcentaje de la población juvenil asfixiada por los años de guerra y por la nueva moral ultraconservadora impuesta por el régimen de Vichy— busca huir de la realidad en las salas de baile, al ritmo del Jazz y del Swing. Impulsados por su carácter inconformista y su ansia de provocación, estos jóvenes, de entre 17 y 20 años, encabezaron las reivindicaciones contra la invasión alemana en un momento en el que el pueblo francés agachaba la cabeza, sumiso. Aunque bien es cierto que sus provocaciones eran gratuitas y espontáneas carecían de ningún tipo de preparación o propósito definido su espíritu reivindicativo fue ejemplo de resistencia en unos años en los que la mayoría de la población había optado por una obediencia resignada.

Sin embargo, sus reivindicaciones no fueron aplaudidas por ningún sector de la población. Los Zazous que se atrevieron a proclamar abiertamente su inconformismo frente a la invasión alemana en un momento en el que la Gestapo, o la Carlinge como se conocía a su rama francesa, controlaba las calles parisinas no fueron los héroes de nadie. El carácter pasivo-agresivo de estos jóvenes les colocó en el punto de mira no solo del gobierno colaboracionista de Vichy sino también de la Resistencia. Al final, los miembros de esta reducida tribu urbana (nunca llegó a ser un movimiento de masas, se calcula que sus integrantes más que por miles se contaban por cientos) terminaron sufriendo las consecuencias de enfrentarse al nazismo y al Gobierno de Vichy sin tener por ello el respeto de aquellos que luchaban por recuperar la independencia francesa. Para la Resistencia, los Zazous no dejaban de ser adolescentes apáticos e irresponsables. Al declararse pacifistas y negarse a luchar contra el ejército alemán que por entonces se dedicaba a fusilar opositores y deportar judíos los Zazous fueron acusados de conveniencia con el enemigo, sin que las continuas palizas que recibían, el enorme esfuerzo del gobierno por desprestigiarlos públicamente o el gran número de integrantes que fueron enviados a centros de trabajo cambiara en absoluto esta opinión.

 

Estrellas y melenas: la reivindicación Zazou

Es cierto que los métodos de protesta de los Zazous eran, cuando menos, inusuales. Se trataba realmente de una mera forma de dar a conocer a todo el mundo su inconformismo con la situaciónese «je m’en foutiste» (me da igual) que los caracterizaba sin un propósito más allá de lograr la provocación. Se acercaban a los ayuntamientos y monumentos nacionales y, frente a los guardias y las enormes banderas con la esvástica, realizaban coreografías grupales. Al grito de «¡Swing!», saltaban en el sitio cantaban algún himno sin sentido (¡Zazou hey, hey, hey, za Zazou!) y agitaban las melenas antes de emprender la retirada. Por aquel entonces   el gobierno de Vichy había emitido un decreto por el cual las barberías debían recoger y donar al ejército alemán todo el cabello posible, para su posterior uso en la fabricación de zapatillas militares, por lo que las melenas Zazous eran, en sí mismas, otra forma de provocación.

Cuando se impuso la obligación de identificar a los judíos con la estrella amarilla, los Zazous comenzaron a marcar sus chaquetas con estrellas similares bajo la cual se podía leer «budista», «goy» (gentil) o «zazou». Las chicas Zazous, se pintaban la cara de negro para demostrar su amor por el jazz y por América. Al ser tachados de simpatizantes de los intereses anglosajones, los Zazous comenzaron a llevar paraguas «Chamberlain» incluso en los días de sol, como parodia y guiño al estilo británico.

En definitiva, los Zazous fueron los representantes de ese inconformismo que caracteriza a tantos movimientos adolescentes, sin una estrategia verdaderamente definida ni unos intereses claros. Estos entrañables rebeldes se dedicaban a tocar los cojones al régimen y llamar la atención sobre su persona bajo el lema «una Francia de swing en una Europa Zazou» (sin dejar especialmente claro que es lo que pretendían decir con ello).

Esta simpática forma de rebelión, sorprendentemente, no fue del agrado ni de la Gestapo ni del Gobierno de Vichy, que por aquel entonces promovía los valores ultraderechistas «Trabajo, Familia, Patria». Para ellos, los Zazous representaban una «degeneración cultural», «un vestigio de una sociedad individualista integrada por vagos y egoístas con simpatías judeo-gaullistas».[1] En sus anhelos por lograr la instauración de un nuevo orden que rechazase el individualismo y exaltase la familia y el amor por la patria, el Gobierno creó los campos de formación de las juventudes, que se convertirían más adelante en las canteras de La Juventud Popular Francesa. Para estos jóvenes educados en la exaltación de los valores tradicionales los Zazous representaban todo aquello contra lo que se debía luchar. La prensa afín al régimen los tachaba de sucios, irresponsables, decadentes, y poco fiables. Se les acusaba de estar infectados por el «veneno del americanismo» y de ejercer una influencia perniciosa sobre la salud moral de la juventud francesa.  «Scalpez les Zazous!» se convirtió en el grito de guerra de la organización juvenil fascista y no transcurrió mucho tiempo hasta que pasaron de las amenazas a la acción. Armados con navajas de afeitar y porras, se recorrieron los clubs de París «a la caza» de los Zazous. Estos, acorralados en sus bares habituales o en la calle, fueron víctimas de numerosas palizas. A muchos de ellos, les sostenían mientras les rapaban forzosamente el pelo o se les enviaba a trabajar en el campo. Varios de ellos fueron encarcelados y algunos —se calcula que unos 450 fueron enviados al campo de internamiento de Drancy (eje central de la política de deportación antisemita de Francia) por haber llevado en sus ropas estrellas multicolores, en desafío a la orden dada a los judíos de usar la estrella amarilla.

Ante las constantes palizas y el riesgo continuo a desafortunados encuentros con la Gestapo, los Zazous pasaron a la clandestinidad. Su número fue decreciendo hasta terminar extinguiéndose por completo. No había lugar para reivindicaciones pacifistas en la Francia ocupada los Zazous lo aprendieron por las malas y a finales de 1943 por las calles de la capital no se veía ya ningún joven excéntrico reclamando llamar la atención de sus compatriotas.

En agosto de 1944 las calles de París escuchan de nuevo «La marcha de San Lorenzo». Esta vez, es el ejército aliado quien recorre las calles de la capital francesa. La población de París canta «La Marsellesa» y baila celebrando la recuperación de su independencia. La música deja de estar controlada por la censura: el Swing vuelve a sonar en los bares de París. Pero los Zazous ya no están allí para bailarlo.

[1] Citas procedentes de la prensa de la época como el semanario La Jeunesse o el periódico La Gerbe que durante los años 1941 y 1943 iniciaron una profunda campaña anti Zazou con numerosos artículos (78 en 1941, 49 en 1941 y 38 en 1943) en los que desprestigiaba a este movimiento juvenil.