Colectivo Bruxista
Dandismo subcultural.

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MANIFIESTO

bruxismo

Del ingl. bruxism, y este del gr. βρύχειν brýchein ‘rechinar los dientes’ e -ism ‘-ismo’.

La idea de comenzar a escribir un fanzine surgió como suelen ocurrir este tipo de cosas, entre la verborrea y las promesas de eterna camaradería que acostumbran a abundar en las noches que, aún hoy, salvan a un pequeño grupo de expatriados —de la patria chica, claro— del letargo que parece consumir a todo aquel que acaba por hacer de la gran ciudad su hogar. En el momento en que por fin se publiquen estas líneas —momento que ahora mismo se antoja inalcanzable por, entre otras cosas, el poco rigor del personal con los plazos de entrega— hará aproximadamente dos años de aquel primer impulso. Aquel primer y en gran parte inocente impulso que, con el tiempo, fue tornándose más en quimera que en otra cosa, hasta que finalmente los hados tuvieron a bien juntar a la alegre compañía de sinvergüenzas que hoy conformamos el Colectivo Bruxista.

Bruxismo nace a medio camino entre Asturias, Euskadi y Madrid, y lo hace con un objetivo claro. Durante los dos últimos años, los diferentes miembros del colectivo hemos asistido con pesar a lo que, creemos, son algunas de las mayores lacras de la cultura en nuestro tiempo. O, al menos, y por quitarle algo de grandilocuencia al asunto, las mayores lacras de la cultura en nuestro tiempo en lo que respecta a nuestra generación —esa que se desenvuelve inocentemente por el ecuador de la veintena y que se apresta a descubrir, con paso firme, que el futuro es un gigantesco solar con un cartel de «se vende»—. De la cultura a nivel de la calle, se entiende, que en el fondo es la única que importa. En este tiempo, hemos visto una escena dominada por una suerte de esnobismo trendy que ya no sabe qué hacer para no dejar de molar y que se pudre, mirándose el ombligo, en una actitud que no sabemos si resulta más repulsiva que vergonzosa. Hemos visto un sector mercantilizado hasta lo obsceno —la gran ramera de Babilonia— en el que nadie paga, nadie cobra, se consume mucho(demasiado) y mal. Un mercadillo de sistemática autocomplacencia en el que el fondo apenas importa  y en el que la calidad y el buen hacer son un lujo al alcance de una selecta minoría, un capricho de los que no parecemos ser conscientes de cuál es nuestro lugar. Formamos parte de una generación cuya única respuesta ante un futuro desolador es el refugio en algo así como un nihilismo postadolescente, cargado con buenas dosis de fina ironía e incredulidad, para el que lo mismo da ser que parecer, hacer que deshacer, una cosa o la contraria.

A diferencia de otros fenómenos de nuestro tiempo, no nos mueve el complejo de cura ni pretendemos dar lecciones de moral, pero sí estamos convencidos de que otra(s) actitud(es) es posible —y necesaria—. Lo mod, lo skin, lo punk, lo pop; anarquismo, futurismo y situacionismo; música, literatura, historia y fútbol. Todo ello tendrá cabida en nuestra barricada: personajes, historias y actitudes bruxistas. Gente que rechina los dientes y aprieta los puños. Que no cede un palmo a la mediocridad. La resistencia.

Esperamos estar a la altura y que este experimento sirva no sólo como plataforma desde la que dar pábulo a nuestras obsesiones personales —que son muchas—, sino como un punto de encuentro para toda esa gente singular con la que hemos tenido la suerte de cruzar nuestros caminos y que tiene algo(mucho) que decir. Está escrito que «el hecho de estar vivo exige algo» y nosotros así lo creemos. Esta es nuestra apuesta.

—Colectivo Bruxista

Bruxismo o barbarie.